Normal People: cuando un vínculo no solo son dos personas

Un artículo de Milton Adriel Penna · Publicado en 2025

La serie fue estrenada en el 2020, está basada en la novela homónima de Sally Rooney publicada en 2018. ¿Por qué escribir sobre una serie fuera de tendencia y la novedad?

Para responder hay que recordar la sensación que crea nuestro cerebro cuando alguien nombra alguna obra: sea literaria o cinematográfica, que conocemos muy bien. Quiénes llegamos a los treinta nacimos viendo Harry Potter y se transformó en un mito fundacional la saga. Nos marcó de tal modo el entendimiento de la amistad y qué son los valores que es casi imposible desprendernos de esa influencia. Lo mismo sucede cuando en alguna conversación se nombra El Padrino, la película de Coppola, o Scarface: todos entendemos de qué hablamos. Son un recuerdo conceptual y sensorial.

Traigo estos ejemplos porque son claros para explicar que Normal People pertenece a algo más importante que la obra misma. La imagen y el sonido, cuando se piensan, pueden crear mucho más que cine. El cine no solo son pochoclos o las series una excusa para invitar a alguien a casa.

La serie se trata del vínculo de Marianne y Connell, dos jóvenes que se conocen en la escuela y luego mantienen su relación a través de los años. Los primeros capítulos no enganchan a nadie. Uno la pasa mal: la violencia que se refleja y lo toscos que son ellos dos conociéndose no enamoran al público, pero son claves. Demuestran cómo las primeras relaciones afectivas condicionan el modo de vincularnos durante el resto de nuestras vidas. Que sucedan en la escuela lo transforma en algo mucho más difícil, hasta el punto de poder llegar a ser algo traumático. Además, no solo la serie habla del bullying escolar y de la importancia de la mirada ajena, sino que retrata también la violencia familiar. Sinceramente, eso fue lo que más me impactó. La disfuncionalidad en la familia de Marianne se lleva hasta el máximo: en su casa el padre le pegaba a la madre y su hermano repite la historia con ella. Marianne, la hija mujer, no puede ser más que su hermano mayor. Cada vez que ella llama la atención en la familia, él encuentra el modo de apagarla, sea llamando la atención o directamente atacándola. Patriarcado alert.

Cuando terminé de verla, tuve la necesidad de comenzarla nuevamente y, cuando lo hice, entendí el por qué. La historia es corta, apenas doce capítulos de media hora de duración, sin embargo, contienen tanta data que justifican volver a mirarla. Un ejemplo claro es un personaje que ni llega a ser secundario, simplemente aparece tres o cuatro veces hablando con uno de los protagonistas, pero a ese tipo le pasaba algo, y nos enteramos al final. El espectador queda tan sorprendido como el protagonista y recién cuando se vuelve a mirar la serie se puede entender el impacto y la justificación de ese plot twist. De eso está hecho Normal People, de instantes de historias verdaderas, pero que, como son instantes, no alcanzan a explicar la verdad de las tramas de nuestras vidas.

Lo último me lleva inevitablemente al análisis sobre los protagonistas, que es la historia de lo difícil que se vuelve una relación por más amor que exista. Ellos, ya adultos, son hermosos; es difícil no enamorarse uno también. Lo destacable es que solo es el lado B del amor. Todo eso que a uno se le hace pesado e insoportable y que lo lleva más a terminar las relaciones que a empezarlas. Aunque sean hermosos y tengan la mejor química de todas y siempre se vuelvan a encontrar y no haya nadie más importante que el otro, la serie demuestra una y otra vez que nunca alcanza. Los protagonistas en un capítulo terminan felices, juntos y al siguiente ya todo se fue a la mierda otra vez. El espectador se queda con el interrogante nuevamente de: “¿Y ahora qué pasó?”.

La historia romántica solo es la punta del iceberg. La trama nos enseña que somos sujetos compuestos a través de nuestra historia familiar, escolar y de clase, como también de nuestras relaciones. Que estamos traumados, que hacemos cosas ilógicas para compensar nuestras faltas, que a veces uno no puede sanar o que para sanar necesitamos destruirnos también. Lo destacable de verla es que no es una historia clásica que se pueda ver en el cine. Es una historia clásica de cómo se componen las vidas: con problemas por todos lados, con violencia, con amores que se lastiman, con tantos elementos que nos hacen sufrir, pero que, finalmente, nos recuerdan que de esto se trata existir y de que estamos vivos, que amar no es imposible.

Por último, con respecto a lo clásico o a lo no clásico en el cine: creo que es un híbrido. No existe la performance sin respiro del cine actual, pero tampoco es lo que asociaríamos con arte de culto. Las escenas se vuelven pesadas, más por el dramatismo que por la pausa; la imagen se cuidó al máximo, es una serie aesthetic en ese sentido. La fotografía acompaña a nuestra generación también; somos dramáticos, pero cuidamos la belleza y somos minimalistas.

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