Sobre Frankenstein, la nueva película de Guillermo del Toro

Un artículo de Milton Adriel Penna · Publicado en 2025

Dos horas y media sin encontrar nada interesante.

Para hacer este artículo tendré que ser bien argentino, caradura y mandado, porque no tengo cosas buenas para decir. La carrera de cine la empecé, pero nunca la terminé y, como no voy a tirarle flores a esta película, para hacer juicios debo tener un criterio. Más que nada, para no ser otra persona más que solo sabe juzgar en las redes sin construir pensamiento nuevo más que rencor.

¿Qué me pasa con la película? No me dijo nada nuevo y los grandes temas de la novela no se aprovecharon. Mary Shelley publicó Frankenstein en 1818; cuenta la leyenda que, con solo dieciocho años, concibió la historia en una noche de verano junto a otros grandes escritores como Lord Byron —alias: el primer hombre que tuvo fans— y John Polidori —el creador del vampiro—. Bueno, igual yo tampoco estoy haciendo nada nuevo con esta intro: quien sabe muy bien del tema es Mariana Enríquez, pero el punto es que estos escritores eran la contracultura hace doscientos años y concibieron algunas de las mejores obras literarias de todos los tiempos. Guillermo del Toro, te queremos, pero hay que tener un poco más de respeto, ¿querés?

Mientras escribo sigo pensando en qué funciona de la película y, quizás, lo que más se acercó fue la adaptación. No falla tanto en ese aspecto, pero también tiene el defecto de que solo se adaptó. Para mí es una película que, vista hoy, me genera este no-gustar, pero si la mirara un Milton estudiante de cine en el 2050, seguramente creería que es una película de culto, y también es probable que lo fuera: por el director, por los actores, por el tipo de adaptación; pero hoy no funciona. Leer el libro sigue siendo el mejor camino.

Frankenstein toca temas muy profundos y también muy actuales. ¿Qué hace el hombre con la ciencia? ¿Las máquinas que creamos para qué se usan? ¿A quién consideramos humano? ¿Usamos la ciencia para vivir mejor o para destruir? Son preguntas que resuenan más que nunca: por la inteligencia artificial, porque todos estamos bastante desanimados con lo que es este futuro, porque muchos somos conscientes de que la tecnología nos hace más estúpidos y nos roba el trabajo, porque el ser humano se está usando como mano de obra robótica y no como generador de pensamiento. Por infinitos motivos. El libro es un clásico y siempre lo será porque sigue funcionando; pero la película, para ser un clásico, debería hacer lo mismo y no lo logra.

Quizás un poco, de cote, en la primera parte. Se vienen los spoilers, pero bueno: dejen de leer o asuman que la historia tiene más de doscientos años. Cuando Victor maltrata a nuestro queridísimo Jacob Elordi versión “el monstruo más sexy jamás visto” —sí, me gusta ese idiota grandote, que además en la película se resalta más que nunca lo idiota y lo grandote—… Perdón, me fui. Les decía que, cuando Victor es un padre golpeador con el monstruo, la película llega a tocar el tema de qué hacemos con lo que creamos, a little. También, cuando nos damos cuenta de que el monstruo no solo es idiota y sexy, sino que también tiene emociones y podemos dejar de cosificarlo, ahí también aparece el tema de qué significa la vida.

Ahí estaba el punto, Guillermo: ahí podías profundizar un montón; me parecía un excelente punto de partida para pensar. Sobre todo, teniendo en cuenta que, en no mucho tiempo, vamos a tener que convivir con robots y nos vamos a tener que plantear esta pregunta como especie. Pero no: nuestro queridísimo director se preocupó más por hacer una adaptación y no pensó tanto qué quería contarnos él. La película continúa siendo un guion del libro y nos deja con las ganas de cuestionarnos algo nuevo.

En fin, no tenía nada bueno para decir. Si no fuera por nuestro queridísimo Jacob...

Volver a artículos.