Sobre las aspiraciones de la comunidad gay.
Hace un tiempo subí, en joda, una historia a Instagram diciendo que estaba cansado de los gays que van al gimnasio, que iba a escribir un artículo a lo Carrie Bradshaw sobre el tema. Hola, Milton del pasado: lo estás haciendo.
Más allá de mi misantropía congénita, es interesante pensar en cuáles son las aspiraciones existentes en las minorías sexuales. Creo que se da algo muy similar a cuando alguien es pobre y hace apología de la riqueza: amigo, este sistema te excluye, no lo defiendas. En la comunidad gay se termina produciendo algo así. Recuerdo muy bien cuando Camila Sosa Villada, en una entrevista —no recuerdo el medio—, dijo que los gays están muy estúpidos y cómodos. Entendí perfectamente por qué lo decía: el costo de la aceptación social del matrimonio igualitario tuvo como precio un colchón de conformidad que implicó el silencio de las injusticias que todavía existen. Acéptalo, hermano, existen. Entiendo perfectamente que una persona, tenga la orientación sexual que tenga, quiera tener éxito en la vida: ser independiente económicamente, formar una familia y, al fin y al cabo, ser feliz. Pero hay cosas que no me terminan de cerrar del todo, cosas de las que yo también formo parte, no lo voy a negar. Un ejemplo pueden ser las aplicaciones de citas: cuando me encuentro con un desconocido a cenar y hablar de nuestras vidas, pero de trasfondo estamos viendo en qué lugar está parado el otro. Entonces aparece el mercado del amor, algo que replicamos mucho todos. Que si vas al gimnasio, que si vivís solo, que de qué trabajás, que si sos gordo, flaco, inteligente o estúpido. Es re difícil conocer a alguien. No sé si me fui y estuve muy confesional, pero creo que viene por el mismo lado. Hoy los gays están más preocupados por satisfacer el rol que la sociedad les construyó de “éxito” que por cuestionar el propio sistema de valores que este encierra. Es entonces cuando yo también entreno, hago ejercicio y, al final, la fuerza que me da pegarle a la bolsa de boxeo produce que, cuando salgo a la calle, tenga más ganas de asesinar a todos que de seducir… pero me fui. Fracaso como Carrie Bradshaw: no soy dulce, no estoy conforme y, más que cualquier otra cosa, estoy enojado.